26 de junio de 2017

Una respuesta importante

A él siempre le había gustado el alpinismo y aquella montaña era un reto personal, la cima que no había conseguido coronar nunca. El domingo salió para intentarlo de nuevo y ella se quedó esperándole en casa, hasta que él volviese y le contase con todo lujo de detalles su hazaña.
A media mañana sonó el teléfono. La llamaban desde el hospital donde él acababa de ser ingresado. Tras un silencio, ella sólo preguntó: “¿bajaban o subían?”.

23 de junio de 2017

Desclasificado


Se lanzó al vacío con una sonrisa en la boca y la intención de que, al menos esta vez, el salto mortal fuese absolutamente perfecto.
Lo inició con un despegue frontal, amplio, lleno de confianza, absolutamente hermoso; después se encogió con rapidez sobre su estómago y ejecutó lo que para un profano sólo podía ser una serie de giros rápidos e imposibles; para, apenas un instante más tarde, volver a extender el cuerpo poniendo la cabeza por delante.
Cuando sus huesos impactaron en la acera, algunas personas que estaban cerca no pudieron evitar ponerse a gritar o llevarse las manos a la boca en un gesto instintivo.
Afortunadamente para todos, no había ninguna posibilidad de que hubiera un segundo saldo. Por un lado, él no tendría que asumir la baja puntuación que le solían dedicar los jueces u oír la crítica implacable de su entrenador; y por otro, los peatones sólo tendrían que soportar la marca de un muerto en la acera, quizás algo discreta, pero para todos más que suficiente.

(microrrelato incluido en “Menguantes”, libro que puedes descargarte en este enlace)

21 de junio de 2017

Bodas de oro


He descubierto, mi amor, que cuando ya me sabía tu cuerpo de memoria éste ha empezado a cambiar obligándome a redescubrirlo. Encuentro ahora en él nuevas arrugas y mis dedos pugnan por explorarlas ansiosos. Tú hablas con cierto temor de los estragos que el tiempo está haciendo en él; y yo encuentro que cada uno de esos cambios tengo que disfrutarlos, saborearlos y hacerlos míos, como he hecho siempre.
¿No lo ves como yo lo veo? La edad también me ha cambiado a mí: he dejado de tener prisa, veo más bien poco y he perdido incluso algunos dientes; ahora, más que nunca, estoy preparado para amarte despacio, de cerca y suavemente.
¿No lo ves? Tú y yo seguimos juntos y cada uno de nosotros tiene el cuerpo que el otro quiere disfrutar y se merece.

19 de junio de 2017

Encuentro transgeneracional




Miró la superficie que se encontraba frente a él. Se sentía impotente e inútil, y eso no ayudaba a que amainase la indignación que desde hacía meses le dominaba. Sus manos temblonas parecían no querer responderle, era cierto, pero su corazón y su cerebro habían decidido que tenía que salir, que tenía que protestar, aunque casi no se pudiera creer que, a sus años, tuviera que gritar detrás de una pancarta para que dejasen de pisotear sus derechos.
-¿Necesita ayuda, abuelo?
-Gracias, creo que hace demasiado tiempo que no hago algo parecido; pero, tranquilo, no quiero entretenerte.
-¿Entretenerme? Al contrario, le debo un favor; usted me ha enseñado alemán y gracias a eso he podido encontrar trabajo.
-No he ido a muchas manifestaciones, ¿sabes?, en mis tiempos nos pegaban.
-Y yo nunca pensé que mis estudios no servirían para nada.
-Siento vergüenza de este país, de lo que han hecho con él, de cómo se aprovechan de todos nosotros.
-Aprovéchese usted de mí. ¿Qué quiere que le escriba bien grande?

16 de junio de 2017

Escondite

Mamá nos dijo que teníamos que escondernos del viento, que iba a ser tan fuerte que nos íbamos a asustar y así, casi sin proponérnoslo, acabamos encontrando cobijo bajo la inmensa capa del mar, desde donde pudimos ver atónitos y envueltos en una extraña paz azul todo lo que ocurría en tierra.
Entonces creímos que habíamos tenido mucha suerte.
Aunque ahora, tantos meses después de aquel día, empezamos a tener algunas dudas: los peces han dado cuenta de nuestros ojos y sólo el vaivén caprichoso de las olas puede hacer que encontremos el camino de vuelta. 

Relato para ZENDA, convocatoria #palabrasalviento


14 de junio de 2017

Saliendo del dolor

Hace meses que la vida se paró, que se quedó cosida al vaivén de una cuna vacía y sembró en nuestra casa el silencio.
Ayer, sin embargo, ella movió el aire, se levantó de la orilla de la cama en la que naufragó y cogió, de la habitación de nuestra hija, uno de esos juguetes que estaban como nosotros inertes. Poco después llegaba la nana, esa canción eterna que desde entonces me persigue y me hiere.
Para protestar por este nuevo dolor que me infringe, voy ahora hasta la puerta de nuestro cuarto y la miro, descubriéndola agotada pero incapaz de dejar de cantar o de mecerse. Me quedo de pie sin saber qué hacer para sacarla del dolor, para salvarme, y descubro por primera vez mis mejillas mojadas bajo mis ojos secos. Ella me encuentra y casi sonríe: “Tú ya lloras, yo ya puedo moverme. Hemos dejado de estar ajenos el uno al otro. No, no quiero que suframos solos; prefiero luchar contigo por ser lo que fuimos, por seguir estando juntos aunque seamos otros”.

12 de junio de 2017

Punto de inflexión

Mientras me vestía, después de haber sido incapaz de evitar una vez más aquella locura, el conocido y viejo poso de arrepentimiento volvía a martillearme la cabeza: “nunca lo sabrá, no lo descubrirá, no perderé a mis hijos”, como un mantra con el que pretendía no tener que enfrentarme al que ya era un problema.
            Sin embargo, antes aún de alcanzar la puerta, aquel miércoles, tras quizás demasiados miércoles como aquel, oí su voz llegando a mí desde la cama, en un susurro culpable pero lleno de la decisión que a mí me faltaba: “no creo que pueda seguir ocultárselo, es mi hermano, se lo diré yo”. 

9 de junio de 2017

Pasando la tarde

            El tatuaje tiene el aspecto de un reguero de hormigas. Su pelo rojizo y enmarañado bien podría albergar un nido. Los ojos abiertos y fijos, como mirando el cielo, pero sin mirar. La respiración, contenida al máximo, inexistente. No se mueve. La encontré en el suelo del salón y desde hace quince minutos la vigilo; y no, no se mueve.
            Empiezo a tener miedo, a temer que sea lo que parece; y pasa media hora, un tiempo infinito para la niña que soy.
            Cuando se harta de la inmovilidad o decide que ya es hora de reírse, se levanta como si nada, me mira y dice: no te habrás preocupado, ¿verdad?; pero si solo es un juego. Pienso entonces, con mis cinco años y casi sin saber lo que pienso, que no es un juego para mí si yo no me divierto, que tendré que esperar a crecer para mostrarle lo divertido que es estar muerto.


(microrrelato publicado en el número 2 de la revista Callejón de las once esquinas que puedes leer y disfrutar justo aquí; está abierto además el plazo para participar en el siguiente número, ¿te animas?)

7 de junio de 2017

Paso del Estrecho

Nunca habría podido imaginar que acabaría persiguiendo mis sueños a bordo de un barco tan pequeño.

5 de junio de 2017

En círculos

Me puse melancólico con la décimo tercera víctima. Tenía un lunar junto al ombligo, como la primera, y sólo por eso dejé de descuartizarla.
Miré la cara de la mujer, era la misma, y caí de rodillas, emocionado y feliz.
El círculo se cerraba y podría volver a empezar explorando nuevas y estimulantes rutinas.

2 de junio de 2017

La Oca Loca

Continúo publicando algún microrrelato en La Oca Loca (la revista del centro penitenciario de Daroca), esta vez ha sido “Sangre y vida”.